martes, 23 de marzo de 2010

El Atardecer

Hace muchisimo tiempo, el Sol y la Luna iban juntos por la tierra, como un matrimonio y una union muy solida. De las lágrimas de felicidad del Sol y la Luna surgió el barro, del cual salieron los hombres. Ambos orbitaban alrededor de la tierra cuando aun era joven y la vida maduraba dentro de ella.

Todo cambio cuando los hombres desarrollaron alma y el instinto de adorar a algo mayor que ellos. Algunos adoraron a la tierra, otros al fuego y otros al aire, pero todo ello se convirtió en nada cuando los hombres miraron al cielo y vieron a la Luna y al Sol rondar juntos como todos los días. Los hombres observaron primero al Sol, pero les pareció demaciado cegador y violento, entonces miraron a la Luna y encontraron lo hermosa que era, desde ese momento los ruegos y adoraciones fueron dirigidos hacia ella. La Luna se sentía muy feliz y amada, tanto que empezó a controlar las mareas para que ellos pudieran adentrarse a sus aguas y pescar, y dejar de ser devorados por el.

Por toda la atención que la Luna daba a los hombres, el Sol empezó a sentirse celoso y enfadado. Discutían por todo, y hasta la más mínima cosa hacia enfadar al sol. Aquello le causaba mucho dolor a la Luna, por un lado ella amaba al Sol, pero por otro no dejaría solos a los hombres, a quienes había llegado a querer muchisimo.

Un día, en una de las peores peleas entre el Sol y la Luna, el sol la golpeo, quemandola y llenándole rostro de cráteres. Destrozada, la Luna, decide no soportar al Sol y marcharse para siempre de su lado. El Sol, arrepentido trato de seguir su rastro, pero no pudo hallar rastro de ella, mas que sus lágrimas que se transformaron en estrellas. Completa mente dolido, el Sol regreso a la tierra, pero ya no era el mismo, empezó a alumbrar demaciado y a quemar a los seres vivos y a evaporar las aguas.

Los seres humanos, desesperados, clamaron a gritos las ayuda de la Luna. Tantas fueron sus suplicas, que la Luna aun estando al otro lado del universo, los oyó y se apiado de ellos, decidiendo volver y encarar al sol.

Al regresar, le dijo al Sol que volvería, pero no estaba dispuesta a fusionarse con el nuevamente, si no que ella estaría en el cielo a una hora determinada en la que se encargaría de controlar los mares e iluminar la noche, mientras que el estaría en otra, en el cielo, pero alumbrando el día, sin quemar a los hombres.

El Sol que aun la amaba, acepto el trato, pero a cambio de que por lo menos una vez al día se pudieran ver, el Sol estaba arrepentido por lo que le había echo a la Luna y estaba dispuesto a hacer lo que fuera para que ella lo perdonara, pero aun así no soportaba la idea de no verla.

La Luna acepto el trato, pero con la condición de que solo verían, nada más.

De entonces que el Sol cumple la condena impuesta por la Luna, creando se el atardecer y el amanecer, donde ellos, como lo acordaron, pueden verse.